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Zhang Daqian: el Picasso de Oriente que vivió en Mendoza

zhangEstuvo tres años en el país; sus obras, entre las más vendidas.

Pablo Picasso lo definió como "el mejor pintor de Oriente". Es considerado el artista chino más representativo del siglo XX en el arte de la pintura y encabeza, desde hace años, los 10 primeros puestos en los récords de ventas por los dividendos que siguen generando sus obras. Su nombre es Zhang Daqian y vivió en Mendoza entre 1951 y 1954, un dato hasta ahora prácticamente desconocido y al que la nacion accedió merced a una investigación realizada en los últimos años por la curadora de arte y gestora cultural de esa provincia, Julieta Gargiulo, con el apoyo de la Fundación Muban.

Nacido en Neijiang, en la República Popular China, y autoexiliado en los años 50 por su rechazo al régimen comunista, Zhang Daqian fue un experto en estampa japonesa y en pintura tradicional china. También promovió una corriente propia vinculada con el expresionismo abstracto. Se formó en pintura, artes textiles, caligrafía y sellos con los principales maestros de su época. En la Argentina, pintó valiosas obras, dos de las cuales donó al Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires.

Corrían los años 50 y la Argentina se consolidaba como tierra prometida para miles de inmigrantes. La prensa de principios de esa década celebraba la llegada de un personaje en particular: Zhang Daqian, señalado como el Picasso de Oriente.

Enfundado en vestimenta oscura, en contraste con una larga barba blanca, se ve al artista posando por aquellos días, serio -así lo recogen grabaciones de archivo de la Radio y Televisión Argentina (RTA)-, descendiendo del transatlántico Yapeyú, que acortaba la distancia entre la China comunista, que pretendía dejar atrás estas tierras. Militaba en el Partido Nacionalista Chino e iniciaba, así, un peregrinaje de décadas. La Argentina fue su primer destino de exilio.

A comienzos de 2008, Julieta Gargiulo comenzó a "correr el velo que existía en esa etapa de la vida de Zhang Daqian, en la que aún ningún biógrafo había trabajado". La curadora de arte y gestora cultural inició la investigación sobre el artista chino por pedido del sueco Christer von der Burg, presidente de la fundación Muban, organización educativa, con sede en Londres, dedicada al estudio y a la promoción de grabadores chinos contemporáneos.

Sobre la investigación, Gargiulo dio recientemente una conferencia en el Museo Nacional de Bellas Artes, que tuvo el apoyo de la Oficina Comercial y Cultural de Taipei, representación de la República de China. En Taiwán, donde murió Zhang Daqian, en 1983, se creó un museo que lleva su nombre y que conserva buena parte de sus creaciones.

Hasta 2008, la residencia del pintor en la Argentina había sido, como mínimo, un misterio. Gargiulo y Von der Burg comenzaron a armar las piezas del puzzle en una investigación que verá la luz en una publicación de próxima aparición. "La literatura ya existente no dice nada sobre esta etapa del pintor", destacó a la nacion el investigador sueco.

Zhang Daqian había nacido en 1889 y llegó a nuestro país a los 62 años. Se destacó en distintos tipos de pintura, sobre todo por sus paisajes y lotos. Y demostró un dominio absoluto en la realización de kakemonos (pinturas o caligrafías sobre seda y que se cuelgan en sentido vertical).

En 2012, Zhang Daqian fue el artista que más dividendos generó en el mundo, desplazando incluso a Picasso, con quien tuvo un célebre encuentro en Niza en 1956. En 2012, el pintor chino encabezó el ranking de ventas de Artprice (sitio online de valores de mercado de arte). En 2011, la subasta de su obra Las montañas de Sichuan en la casa Sotheby's por US$ 8.960.000 lo situó en la cima de estas operaciones de arte.

En Japón, estudió la técnica caligráfica y de tratamiento de textiles, y en China trabajó con maestros de la talla de Pu Hsinyu. También fue poeta, copista de antiguas pinturas chinas y coleccionista de este tipo de obras, llegando a albergar piezas realizadas incluso un milenio atrás. Recibió el título de Honoris Causa en diversas universidades.

¿Cómo llegó a nuestro país? Gargiulo explicó que, después de la Segunda Guerra Mundial, el sacerdote franciscano chino, Juan Bautista Kao, con vínculos con la Iglesia de la Argentina, gestionaba en Hong Kong la venida de disidentes chinos. "Zhang, aconsejado por un sacerdote amigo, llegó en noviembre de 1951, según nuestros documentos." Su paso por la Argentina "fue duro para él", relató Gargiulo, porque, entre otros avatares, Peter, su sobrino predilecto que colaboraba con él, murió en Mendoza.

Von der Burg añadió que "por problemas burocráticos que le impidieron conseguir la radicación en la Argentina", el pintor chino decidió emigrar a Brasil, donde permaneció durante 17 años. Luego siguió viaje a California y a Taiwán.

Lo que nunca perdió en el exilio fue su necesidad de crear una pequeña China propia. Siempre se instaló en zonas de montañas, con sus pertenencias, su familia y sus animales. No quiso hablar otro idioma que no fuera el suyo, no occidentalizó su vestimenta y no se vinculó con su entorno más que por medio de su secretario.

arteLegado artístico
Las obras que donó al Museo Nacional de Bellas Artes son los kakemonos y Flor de Loto, una acuarela pintada sobre seda, de 250 por 84,5 centímetros, y El ángel volador, de 262 por 82 centímetros.

La directora artística del Bellas Artes, María Inés Stefanolo, contó a la nacion que ambas piezas están "en buen estado de conservación y no se exhiben permanentemente. Loto está realizada en papel de arroz con técnica japonesa de Sumi-e, preponderando los tonos grises y negros. El ángel volador es una seda pintada con varios colores, característica del arte chino".

En la actualidad, buena parte de los principales museos de arte moderno del mundo tienen al menos una pintura de Zhang Daqian.

En la Argentina, una de las principales conocedoras de su obra es Julieta Jiterman, pintora abstracta especialista en arte oriental y consejera de la embajada de China en Buenos Aires. Realizó un master en Arte Japonés en la Universidad de Utsunomiya y, el año pasado, pintó basándose en Zhang Daqian. Destacó a la nacion la importancia que tiene la investigación de Gargiulo, porque devela facetas desconocidas del artista.

Jiterman admira especialmente a Zhang Daqian por el manejo del color. "Usaba los pigmentos de roca que usan en Japón, que generan unas combinaciones increíbles y que reaccionan diferente según la cantidad de aglutinante o el clima. Zhang pudo transgredir el límite sin necesidad de ruptura. Es moderno, sin dejar de ser un gran pintor tradicional. La pintura china tiene fundamentos taoístas, respeta la naturaleza y usa la asimetría, el vacío y la perspectiva aérea". Jiterman señaló que, en la época de los samuráis, ellos eran entrenados en esta técnica artística: "Decían que había que tener la misma actitud al abordar la hoja en blanco que al entrar al campo de batalla: completamente en calma y con decisión".