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Terremoto en la selección de Brasil

dungaCopa América Centenario - La dura eliminación de Brasil tras la derrota con Perú -gol ilícito mediante- le costaría el puesto al técnico Dunga.

Fue en julio de 2014, cuando volvió a la Selección después de cuatro años ausente. Entonces, afirmó en la primera conferencia de prensa de su segundo ciclo al frente de la verdeamarela: "Difícilmente una persona cambia sus principios. Los míos son ética, compromiso, lealtad, transparencia y trabajo. Pero todos evolucionamos. Pensé mucho en estos cuatro años y evalué lo sucedido. Una de mis metas es conseguir que las personas cambien lo que opinan de mí. Nelson Mandela tenía todo en contra y logró cambiar lo que pensaban de él. Espero tener 1% de su paciencia".

Dunga buscó un reflejo en el líder sudafricano. Sin embargo, dos años después de aquella frase que marcó el inicio de esta Nueva Era, los que perdieron la paciencia fueron los torcedores. Y los dirigentes. Y el fracaso en la Copa América -sólo comparable con la eliminación en primera fase del torneo que se jugó en Argentina durante 1987- derivaría en su salida. Hoy por la tarde se definirá su futuro en la sede de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF), cuando el plantel regrese desde Estados Unidos.

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La mano de Ruidíaz fue un golpe en la mejilla de 200 millones de brasileños. Y dejó al borde del nocaut a Dunga, que regresó por la puerta grande tras el despido de Luiz Felipe Scolari y -todo indica- volverá a irse por una claraboya después de la derrota ante Perú. Tite, entrenador de Corinthians, es el plan "A".

A las 14, en Río de Janeiro, habrá una reunión decisiva entre el presidente de la CBF, Marco Polo del Nero, y el cuestionado técnico. La salida, según los medios deportivos de Brasil, parece resuelta.

"No fuimos eliminados dentro de la cancha, con fútbol", la frase que utilizó el ex capitán de la Selección, es una excusa poco convincente para los dirigentes. Especialmente, porque llegó a Estados Unidos con un ultimátum. Más allá de que Brasil priorizó los Juegos Olímpicos y hasta reservó a Neymar para conquistar esa medalla dorada que siempre fue esquiva, siempre es favorito. Y a suelo norteamericano llegó con la premisa de ganar el trofeo continental. La inesperada caída ante los peruanos, producto de un gol viciado que convalidó el árbitro uruguayo Andrés Cunha, disparó las críticas y aceleró los tiempos. Por estas horas, a pesar del apoyo de Gilmar, coordinador de las selecciones nacionales, sería despedido. Otra posibilidad que se baraja es correr de la escena a Dunga para protegerlo y poner al frente a Rogerio Micale, entrenador de la Sub 20.

Ayer, antes de partir hacia su país, el ex arquero de la Canarinha y compañero del técnico en los buenos viejos de la Selección, habló con los enviados especiales de los medios brasileños en Boston. "Dunga será el entrenador de los Juegos Olímpicos. Está definido desde que llegó. Los planes no se alteraron. A tal punto que estamos definiendo la lista de 35 jugadores para el Comité Olímpico Brasileño (COB). que tenemos que entregar el miércoles", puntualizó Gilmar.

No parece entrarle una bala a Gilmar, tampoco a Dunga. Resolverá Del Nero, quien no sólo está en el medio de una presión mediática; los hinchas fueron contundentes a través de las redes sociales. Y en ese contexto, Tite emerge como el candidato número uno. Lo tiene claro Roberto de Andrade, presidente de Corinthians, quien aseguró en el diario deportivo Lance! "no tengo ningún temor de que se vaya nuestro técnico".

Hace algunos meses, desde la CBF hubo un llamado a Jorge Sampaoli y otro a Pep Guardiola. No obstante, el argentino que ganó la Copa América con Chile está en Sevilla negociando su incorporación al club andaluz y el español ya acordó que dirigirá Manchester City. Además, los dirigentes no estarían tan convencidos de contratar a un estratega extranjero.

La prensa, en tanto, dispara tinta gruesa en cuanto a la continuidad de Dunga. "Brasil pierde con gol de mano, casi en la primera fase de la Copa América y protagoniza otra humillación", resumió el portal ESPN Brasil. "Brasil sigue firme en su rutina de bochornos, iniciada con la humillante derrota ante Alemania en el Mundial de Brasil. El domingo, la selección fue eliminada por un mediocre Perú", tituló el diario carioca Extra.

Neymar -que antes del partido participó de una fiesta con mujeres y champagne en Las Vegas- salió al cruce de las críticas. Pero respaldó a los jugadores. Nada dijo de Dunga, quien viajó a Barcelona para que le permitieran contar con la estrella. Ahora, tal vez, se quede sin dirigirla en los Juegos.

Opinión: Un DT que no avanzó. Por Rodrigo Vessoni (periodista diario Lance!)

La situación de la Selección es inquietante. Y sucede porque los dirigentes de la CBF sólo perciben la importancia del resultado. Se necesita un equipo que tenga organización táctica, que juegue como los mejores del mundo, que tenga una concepción de juego, pero a ellos sólo les preocupa ganar, empatar o perder. Y el fútbol no es más así. Hoy Brasil tiene jugadores que son protagonistas en sus clubes, parte de una generación que está en un gran momento: Philippe Coutinho (Liverpool), Willian (Chelsea), Neymar (Barcelona) ... Son jugadores importantes de Europa, pero cuando se juntan no funcionan porque no hay trabajo de conjunto. Dunga es un técnico con la cabeza en 2010 y tendría que pensar en 2018. No avanzó ni un poquito.

Opinión: Sin solución. Por Adrián Maladesky

Ya ni debería discutirse que el fútbol tiene que dejar entrar a la tecnología, al menos, para evitar los reiterados papelones de árbitros y asistentes. Ver la grosera mano del peruano Ruidíaz no requería de ningún artefacto sofisticado, o mejor sí, del más sofisticado de todos: el ojo humano. Habría que analizar porqué falla tan seguido.

Detrás de ese error insólito hay otras cosas que no tienen remedio, parece: la creatividad para la trampa a la que nos tienen acostumbrados los futbolistas y el festejo sin complejos de la ilegalidad (unidos por el hay que ganar como sea), la nostalgia (esto a nivel personal) por un estilo que Brasil abandonó hace tiempo.

Son señales de un fútbol que se niega a crecer.