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Pipa, la playa que todavía no aconteceu

pipaA 85 km de Natal, en el Nordeste de Brasil, aún mantiene un espíritu natural, lejos de las multitudes.

PIPA.- Dicen que es una de las diez playas más lindas de Brasil, entre los acantilados esculturales y la mata atlántica que desborda en las alturas para derramarse sobre las costas doradas, la arena suave y el mar verde, siempre tropical.

A 85 kilómetros de la ciudad de Natal, en el estado de Rio Grande do Norte, Pipa es un pueblito de pescadores y agricultores al nordeste de Brasil que con el tiempo -y una ayudita de la naturaleza-, comenzó a dedicarse cada vez más al turismo. No es raro encontrarse con argentinos que decidieron prolongar sus vacaciones sin fecha de regreso. Hoy se ganan la vida en la playa, como vendedores de panes rellenos, sándwiches o alfajores. Otros se establecieron como emprendedores. Invirtieron en hostels y posadas, pizzerías y restaurantes.

Veranito todo el año, la temperatura media anual ronda los 28 grados, con 300 días de sol asegurado. La temporada alta se extiende entre diciembre y fines de febrero, pero se renueva en julio y agosto, cuando aterrizan los turistas europeos. Junio es la temporada baja, época de lluvias, pero de esas lluvias tropicales que se arman y desarman en un rato. La humedad se apodera del aire embriagador, pero el veranito no se mancha.

"Ya hace mucho tiempo que el turismo europeo visita estas playas. Todos los años recibimos grupos de alemanes, franceses, portugueses, italianos. Luego comenzaron a llegar los brasileros, primero atraídos por el surf y luego por el kite, y últimamente también los sudamericanos", cuenta Alberto de Sousa, que llegó a este pueblito de pescadores hace unos 20 años, cuando aún trabajaba en la Petrobras de Salvador de Bahía, y junto con su mujer, Marcia, decidieron salir para "procurar ser más felices". Partieron en su Harley rumbo a Fortaleza, pero al llegar cerca de Pipa, literalmente, la moto se quebró.

"Alguien nos preguntó si ya conocíamos aquí, y como ninguno de los dos había llegado nunca, decidimos darnos una vuelta. y nos quedamos para siempre", recuerda Alberto, hoy al frente de la pousada Alto da Pipa.

"Buscamos un terreno y compramos este por dos mil reales. Luego abrieron la calle y demoramos tres años en construir la posada", recuerda los inicios de su negocio que vino a acompañar el crecimiento turístico de estas playas muy bien protegidas.

Es que hace unos cinco años atrás, los habitantes de Pipa crearon el Área de Protección Ambiental (APA), 320 hectáreas de mata atlántica intocable, a la que añadieron una zona de amortización a su alrededor. "En los primeros cien metros sólo se puede construir un 5 por ciento del terreno, en los cien metros siguientes, un diez por ciento, y así sucesivamente, se convirtió en un área enorme de protección. Además, en Pipa no se pueden construir más que dos pisos hacia arriba", explica Sousa, siempre de buen humor.

Y añade: "Hace algunos años comprar tierras aquí era muy barato. Yo vi cómo se cambió un terreno de 4000 metros por una heladera y una cocina. Hoy vale dos, tres millones. Pipa aun no aconteceu, es muy nueva. Pero va a explotar, los espacios que había para hacer algo ya no están más".

Con forma de tonel

Entre callejas de adoquines que suben y bajan, las casas sencillas, el aire tropical y las palmeras -siempre las palmeras, que afloran en el horizonte y en todas partes-, este pueblito de apenas 2000 habitantes seduce entre los mejores destinos del bellísimo nordeste brasileño.

La bautizaron así los primeros portugueses que llegaron a estas costas, cuando divisaron una roca con forma de tonel (pipa, en portugués). "En la Praia do Amor hay una piedra que se llama pedra do moleque. Esta piedra, vista desde el mar, parece un barril de vino, una pipa de vino, y los portugueses la denominaron así porque era un punto de referencia", cuenta Alberto.

Sobre la Avenida de los Golfinhos, la calle principal, se concentran la mayoría de los bares y tiendas de ropa, negocios de artesanías locales y restaurantes de cocina internacional que se mezclan con otros de comidas típicas, donde por ejemplo se puede saborear un exquisito peixe con feijoada en una terraza con vista privilegiada al mar. Desde allí, basta descender unas escaleras para acceder caminando al menos a cuatro playas. Algunas más ventosas que otras; con olas y sin olas, con acantilados, con barcitos, más alejadas, solitarias, con cangrejos, tortugas marinas y ¡delfines!

La playa del centro es la más cercana, y también la más concurrida por ser la favorita de los lugareños. Allí funciona el fondeadero donde salen las excursiones en lancha y funcionan numerosos bares y barracas. Vista desde arriba ofrece una panorámica excelente de la costa, ideal para tirar algunas fotos, pero si se busca tranquilidad seguramente no se encuentre en esa playa.

Caminando por la costa, unos 500 metros rumbo al sur, se accede a Praia do Amor, entre las mejores cinco playas de Brasil para surfear por las características de sus olas. Cuando la marea está baja se forman piscinas naturales para nadar, pero atención, porque cuando la marea sube resulta muy peligrosa por las corrientes que succionan hacia adentro. Hay quienes dicen que su nombre se debe a la forma de corazón que dibuja la bahía, aunque la versión más difundida cuenta que antiguamente allí funcionaba un hotel para enamorados. Aquí le decimos Praia dos Aforados (ahogados), porque muchas personas se han ahogado en esa playa. Por eso, siempre recomendamos que tengan mucho cuidado cuando la marea está alta", advierte Sousa.

Imperdible: la Biblioteca da Praia, una biblioteca con techo de hojas de palmera y una selección de los mejores autores para consultar a orillas del mar.

Show de delfines

Hacia el Norte, la Bahía dos Golfinhos es la más tranquila para nadar, con muy pocas olas, y una mínima estructura para pasarse el día muy feliz. Entre chapuzón y chapuzón, apenas una línea de sombrillas con reposeras, venta de cervezas, caipirinhas y pinchos de camarones. Sólo es cuestión de entregarse a la contemplación bajo la sombra, tarde o temprano los delfines harán su aparición para arrancar exclamaciones adentro y afuera del agua. "Pipa es un área de alimentación, donde se forman pequeñas ensenadas que cercan a los peces; quedan arrinconados y los delfines llegan hasta aquí para alimentarse. Siempre hubo delfines en estas playas y fueron preservados hasta hoy. Incluso hay una entidad que los protege que se llama Mamíferos Marinos (MAMA)", explica Sousa.

Ubicada a los pies del Santuario Ecológico, una pequeña muestra del paisaje original que existía en el litoral nordestino a finales del siglo XV, con senderos y miradores naturales, a la Bahía dos Golfinhos se accede también caminando por la playa, pero es fundamental consultar la tabla de mareas, que sube y baja por períodos de seis horas y cuando está más alta no se puede cruzar.

Un poco más al Norte se accede a la Praia do Madeiro. Para llegar hay que atravesar un pedregal derrumbado junto a los acantilados que dificulta bastante el paso, pero decididamente vale la pena. Al otro lado, la mata Atlántica avanza sobre el enorme acantilado que enmarca una de las playas más alucinantes de Pipa, por la exuberancia de la vegetación y ese tropicalismo espectacular que impregna todo el paisaje. Un punto recomendado para la práctica de surf y stand up paddle al que también se puede acceder en unas vans que salen del centro.

Para ver el crepúsculo del atardecer sobre el océano hay que llegar hasta Tibau do Sul. Basta salir con tiempo, caminar unos 7 kilómetros por la arena suave, y a orillas del mar verde, llenarse los pulmones de ese aire tropical embriagador.

Datos útiles

Cómo llegar

Desde Buenos Aires, los aéreos hasta Natal se consiguen desde 3836 pesos. Desde esa ciudad son 85 kilómetros por tierra hasta llegar a Pipa. Se puede tomar una van o un taxi en el mismo aeropuerto que ronda los 180 reales.

Dónde dormir

Pousada Alto da Pipa. En junio, la habitación doble cuesta 130 reales o 585 pesos por día (de lunes a viernes), y 150 reales o 675 pesos sábado o domingo, para dos personas, con desayuno bufet incluido. En Rua da Gameleira 555 (Praia da Pipa). Reservas: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.. Más info: www.pousadaaltodapipa.com.br.

Dónde comer

Sobre la Avenida de los Golfinhos, la calle principal, se concentran la mayoría de los bares y restaurantes. En Tanamesa, se puede comer un peixe entero para compartir con arroz blanco, feijoada, papas fritas, ensalada y dos caipirinhas , desde 40 reales (más el 10 por ciento que se cobra por la tasa de servicio). En el restaurante italiano Terra Nostra, recomendados los ravioles de verdura caseros con salda a elección, por 43 reales. En la barraca Holland Tend, sobre la Praia do Maderiro, una lata de cerveza cuesta 5 reales; las papas fritas, 15; el feijao, 10 y la caipirinha, 7.

Más información

www.pipa.com.br