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Lo que no se ve de Seattle: la nostalgia de los argentinos y la indigencia al costado de la selección

seattleLa Argentina jugará mañana en una ciudad fría, que mira con indiferencia a la Copa América.

SEATTLE, Estados Unidos.- Calor por frío. Opulencia por indigencia. Este por oeste. La vida de la Argentina en Seattle, la última puerta de Estados Unidos hacia Alaska, cambió varios grados luego de su paseo por la imponente Chicago. Aquí lo que crecen no son los rascacielos, sino el número de personas sin techo. En el último invierno, los más de cien muertos por el frío obligaron al alcalde de la ciudad a declarar el estado de emergencia y lanzar un plan de obras que hoy, en pleno verano, todavía no terminaron. El refugio de cinco estrellas elegido por la selección queda a 15 kilómetros del epicentro de la crisis, en el próspero barrio de Bellevue, cruzando el lago Washington. Allí también espera en la puerta un puñado de argentinos que busca anestesiar la nostalgia por el país y, de paso, ver a los futbolistas.

Vidas cruzadas por la selección

Ricardo Molina, de 67 años, espera desde temprano que aparezca algún futbolista. Hace diez que dejó la Argentina y vive en Renton, a quince minutos de la ciudad. "No existe ningún país como el nuestro, ninguno. A mi edad, y con todo lo que conocí, te lo aseguro", dice el hombre mientras las arrugas de su cara se mueven al compás de sus recuerdos. No habla de Messi ni de Di María. Necesita hablar de su país. Al lado está Andrés Martorato, un ingeniero en sistemas de 26 años que viaja por el mundo trabajando para Microsoft. "Estoy parando a dos cuadras de acá, me vine para ver si algún jugador me podía firmar la camiseta, o sacarme una foto", dice. Hace un mes que el joven vive aquí, en la tierra donde nació Bill Gates, el creador de su empresa y multimillonario, integrante del 0,1 por ciento de privilegiados que tienen ingresos equivalentes al 90 por ciento del total del país.

Otro argentino que vino por la selección es Jon. El joven viajó los 220 kilómetros que separan su casa en Vancouver, Canadá, del hotel, y se alojó en una habitación hasta que lo invitaron a retirarse. Si bien tenía una reserva hasta el miércoles, cometió la imprudencia de meterse en uno de los pisos que la selección tiene reservados y pedirle un autógrafo al Kun Agüero, con quien se cruzó en el pasillo. Al día siguiente, y luego de que los encargados de seguridad lo vieran por las cámaras, le devolvieron la mitad del dinero que había pagado y lo echaron. "Igual me voy feliz, tengo la firma del Kun", le dijo a LA NACION el hincha que estará presente mañana en el Century Field, el estadio de Seattle Sounders, donde la selección jugará contra Bolivia.

Pike Place, en la tierra de Starbucks

A las orillas de Elliot Bay, la bahía que se alcanza a ver desde las tribunas del estadio, cientos de personas caminan por el Pike Place. El mercado que crearon en 1907 para regular el precio del pescado terminó vendiendo cualquier cosa. Verduras, piedras entalladas con frases de autoayuda, artículos para el hogar, ropa hippie. Los puestos que desbordan entre el agua y la calle venden lo que sea. A pocas cuadras se encuentra el Starbucks original, el que fundó una maestra inglesa con su marido en 1971 y que se volvió lugar de culto para algunos fanáticos que se organizan para visitarlo y sacarse fotos en el lugar. Otra de las curiosidades de Seattle es que fue el escenario que eligieron las series "The Killing" y "Grey's Anathomy" para filmar sus escenas.

El fútbol no está entre las prioridades de esta ciudad, donde lo que más se respira es la música. Aquí nació el Grunge, un estilo de rock que tuvo a Nirvana y Pearl Jam como los Messi y Maradona del género. Todavía hay gente que visita la mansión donde se suicidó el cantante Kurt Cobain, en el barrio Leschi, o fanáticos que dejan un recuerdo en el Greenwood Park, donde está enterrado Jimmy Hendrix, que murió en Londres, pero cuyos restos descansan en su tierra natal.

Una Patagonia estadounidense

De frondosa vegetación, muy fría en invierno -alcanza los 18 grados bajo cero- y fresca en verano -22 grados promedio-, la zona donde está ubicada Seattle es una suerte de Patagonia estadounidense, el último escalón antes de cruzar a Canadá y llegar a Alaska. Tal vez sea por su ubicación marginal dentro del territorio que es considerado uno de los lugares más rebeldes del país. Aquí llegó la Organización Mundial del Comercio, en 1999, y se encontró con una protesta que despertó al movimiento antiglobalización, que se expandió fugazmente por el mundo y dejó una marca en la ciudad. En el barrio Fremont, a 10 minutos del centro, todavía sigue erguida una estatua de Vladimir Lenin que una maestra local y un periodista le compraron al gobierno de la ex Checoslovaquia por 14 mil dólares, a fines de 1992.

A esta tierra fría, que hoy mira con indiferencia lo que sucede en la Copa América , llegó la selección argentina para seguir con su camino a la final. Con la indigencia a los costados, la música en el aire, los mercados en las calles y la resistencia en el recuerdo recibió Seattle a Lionel Messi, que mañana buscará continuar con el show y darle calor a la ciudad antes de que el invierno regrese.