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En el descalabro, el hilo se corta por lo más delgado

nota de opinionPor Cristian Mira

Cuando el hilo se corta por lo más delgado las cosas no están bien. Es lo que está sucediendo con la lechería a raíz de la decisión de algunas industrias de reducir en un tres por ciento promedio el precio que les pagan a los tamberos. En un contexto de inflación creciente, una baja de precio no es una buena noticia para quien tiene que mantener a flote su campo.

Las industrias explican que llegaron a esa decisión porque su continuidad está en riesgo. Dicen que la brusca retracción del mercado internacional (de 5000 a 2500 dólares el precio de la leche en polvo), la crisis económica rusa y el estancamiento de la demanda en Brasil y China les provocaron un freno. Además, afirman que entre 2012 y 2014 incrementaron los precios en un ciento por ciento.

A su vez, los tamberos argumentan que una baja es insostenible para seguir en carrera, que ya estaban recibiendo un precio inferior al que necesitarían para mantenerse (creen que el valor debería situarse en $3,70/$4 contra los $3,20 que les pagan), y que cada vez tienen una menor participación en el precio del litro de leche en góndola (18% contra el 30% promedio que se paga en los países de la región). "La plata está en la cadena", dicen los dirigentes tamberos.

Otros observadores señalan que la caída del mercado internacional no es argumento de peso suficiente como para impulsar una baja en los valores de la materia prima ya que, por las restricciones del Gobierno para exportar, el mercado externo ya estaba desacoplado del interno hace tiempo. Al mismo tiempo, señalan que pocas veces como en la actualidad la relación maíz/leche ha sido tan favorable (3,2 kg./l) por la caída del precio del cereal.

Pese a las diferencias, tamberos e industriales tienen en común el padecimiento de convivir con una inflación de niveles astronómicos. Y también están afectados por una política económica que no cree ni en el mercado ni en libre comercio. En los momentos de auge del precio de la leche en polvo en el exterior, el Gobierno subió las retenciones y manejó las autorizaciones de exportación mediante los ROE blancos. Así, no hay estrategia de mediano y largo plazo que permita atraer inversiones, mejorar la calidad y agregar valor. Y no es que la propia cadena desconozca como hacerlo. Ya está escrito desde años en el Plan Estratégico de la Lechería 2020 que preveía una producción anual de poco más de 18.000 millones de litros anuales para 2020. A ese paso -quedan cinco años- resulta poco probable que se alcance esa meta.

No sólo la lechería está afectada por las malas políticas. Quienes acaban de cosechar el trigo advierten, una vez más, que las distorsiones del mercado, que ya llevan ocho años, impiden vender el cereal como deberían.

La Argentina debe ser uno de los pocos países del mundo con agricultura de volumen importante en que el Gobierno cree que la mejor política es la que consiga que el precio pagado a los productores sea el menor posible. Algunos eligen programas de subsidios (Unión Europea o Estados Unidos) y otros, con recursos fiscales más modestos (Brasil o Uruguay) aceptan los precios internacionales. Hasta países que adoptan restricciones, como Rusia, cuando deciden prohibir las exportaciones informan la fecha en que volverán a abrirse. La Argentina es un caso único: además de fijar derechos de exportación y administra el comercio según la voluntad de los funcionarios.

Al anular la competencia entre exportadores y molineros provoca que el precio pagado a los productores sea el mínimo posible.

Hasta el momento, el Gobierno autorizó la exportación de 2,2 de millones de toneladas, cuando podría haberlo hecho por casi el triple si tomara en cuenta los datos del Ministerio de Agricultura. La exportación tiene comprados casi 4,3 millones de toneladas. Las aperturas que el mercado espera para los próximos diez días muy probablemente apenas muevan el amperímetro de las cotizaciones. Agricultura calculó la cosecha en 13,9 millones de toneladas, pero la Secretaría de Comercio está sentada sobre los silos. Según los expertos, la molinería no tendría por qué verse afectada por una apertura mayor de los volúmenes porque hay trigo con bajo nivel de proteína que demandan los destinos extra-Mercosur. Más oportunidades perdidas.